Procesos de cambio

«Hija, lo mejor es pasar desapercibida»

Desde el colegio cuestioné la autoridad y mis padres no me entendían. Ellos procuraban hacerme comprender que enfrentándome a ellos o a los profesores no conseguiría nada. Sin embargo, para mí estaba claro que la autoridad se la debían ganar: si era impuesta, no era legítima. Y veía cómo la gente de mi generación no se rebelaba contra nada; vivían bien, salían de marcha, se divertían… En definitiva, no percibían la necesidad de luchar por algo.

Nuestros padres eran hijos de una dictadura y habían aprendido a callar y no cuestionar el entorno en el que vivían ni a sus mayores. Hablar de política no estaba bien visto y nadie osaba hablar de tú a tú a políticos o policías. Por eso, cuando llegó la Transición y la Democracia, las enseñanzas a las nuevas generaciones (que no habían sufrido una represión) eran claras: mantener la cabeza gacha y evitar problemas.

Las últimas décadas nos demuestran que los problemas los estamos teniendo por haber considerado que la Democracia formaba parte de nuestras vidas y no había que luchar por ella cada día. Y ahora nos encontramos con una sociedad desconectada de la vida política de su barrio, que ignora sus derechos y que es víctima de un sistema al que había abrazado por no cuestionar su validez.

Hace años, en un viaje a Argentina me advirtieron: “Si te pierdes o te roban, no vayas jamás sola a decírselo a un policía”. Aquello me dejó impresionada y pensaba lo afortunada que era por vivir en España y tener unos agentes a los que no temía. Pero claro, ¿cuándo había tenido yo que hablar con un policía? Cuando había ido a Comisaría a renovar mi DNI. Hasta hace una semana, ni siquiera yo me había sentido intimidada por un agente.

Es desastroso que una sociedad tenga miedo de aquellos que teóricamente están para proteger a la ciudadanía. Me consuela pensar que, como en todo colectivo, existen individuos que no están de acuerdo ni con las cargas policiales, ni con las acciones llevadas a cabo durante los desahucios, ni con las identificaciones racistas. Sin embargo, ojalá hubiera un apoyo más claro a las ideas quincemayistas por parte de los sindicatos mayoritarios de la Policía, y se diera así un paso en favor de la defensa del pueblo. Si no, acabaremos concluyendo que son los seguratas privados de los bancos y de los políticos, y eso nos obligará a echar un pulso que no podrá ser pacífico.