Procesos de cambio

Libertad, igualdad, fraternidad… y antisemitismo

Alfred Dreyfus

El caso Dreyfus puso en evidencia a una sociedad francesa alejada de los principios de la fundación de la República

Patricia Horrillo
BARCELONA

El 13 de enero de 1898 el periódico L’Aurore publicó, en una portada sin precedentes en la historia de la prensa, una carta escrita por Émile Zola, titulada “J’accuse!” (“Yo acuso”), y dirigida al presidente de la República Francesa, al que acusaba de cerrar los ojos ante la injusticia. El caso al que hacía alusión Zola era el del capitán Alfred Dreyfus, un militar francés acusado de alta traición, pese a la existencia de pruebas que proclamaban su inocencia, y condenado de por vida a la Isla del Diablo, una colonia penal de Sudamérica.

El origen del caso se remontaba a 1894, al descubrirse una lista de secretos militares franceses que podía ser susceptible de haberse filtrado al Imperio Alemán. El Ministro de Guerra francés, el general Auguste Mercier, llevó a cabo una investigación de dudosa consistencia para encontrar al traidor y puso a Dreyfus, el único judío oficial del Estado Mayor y de origen alsaciano, en el punto de mira de la acusación. El resultado fue la condena de Dreyfus basada en un informe falsificado —hecho que años más tarde sería descubierto—, y en un contexto en el que el antisemitismo estaba cobrando fuerza.

Dos años más tarde y por caminos separados, la familia de Dreyfus y el teniente coronel George Picquart, nuevo jefe de la Inteligencia militar, se descubrió al auténtico traidor: el comandante Ferdinand Walsin Esterhazy, espía del Imperio Alemán. Los que habían defendido a Dreyfus pidieron que se reabriera el caso, y se encontraron con la oposición de los oficiales de alto rango que conspiraron para proteger al traidor y librar así al ejército de la vergüenza de asumir el error, por lo que Esterhazy fue absuelto.

Ante el escándalo de esta ocultación de la verdad, Zola decidió escribir el “J’acusse!”, que produjo una gran conmoción en la sociedad francesa, dividida entre partidarios y detractores de Dreyfus. Estos últimos alentados por una prensa que fomentaba el antisemitismo presentando en sus viñetas a los judíos como serpientes o alimañas, y describiéndoles en sus artículos como una raza de la que Francia debía deshacerse.

Zola denunció en sus artículos al Gobierno francés, por encubrimiento, al tribunal militar, que había condenado a Dreyfus con pruebas falsas, a la prensa, que había convertido un proceso legal en un espectáculo mediático manipulando a la opinión pública, y a la propia sociedad francesa, a la que consideraba cómplice de aquella situación. Por todo ello, el novelista se tuvo que exiliar a Inglaterra desde donde siguió luchando para que se hiciera justicia, hasta que en 1899 el capitán fue indultado y unos años más tarde fue rehabilitado y condecorado con la Legión de Honor.

El caso Dreyfus es un ejemplo paradigmático del uso de la mentira por los medios de comunicación como eje de una información vendida como veraz y el fomento del antisemitismo por el hecho de que el capitán fuera judío. En este caso, la mentira también influyó en el poder Judicial, que puso en prisión a una persona inocente.