El 15M está superado

Para muchas personas, hoy se cumplen 5 años de algo que fue muy potente y murió. Para otras, algo que hay que revivir con cada manifestación, con cada concentración, con cada acción porque la nostalgia les atenaza. Habrá también alguien que seguirá describiendo aquellos acontecimientos como decadentes, protagonizados por perroflautas drogados y extremistas de izquierda peligrosos. Sin embargo, hay personas para las que el 15M supuso el principio de un proceso personal y colectivo, profundo y de largo recorrido. Yo me sitúo en este último grupo.

Hoy recuerdo pensamientos que en su momento tenía mientras paseaba y escuchaba en aquellas plazas en 2011: “El discurso izquierda-derecha está superado y es mejor hablar de los de abajo contra los de arriba”; “Cuando oigo hablar de la lucha de clases me suena a rancio”; “El feminismo tuvo sentido en su momento pero ahora es algo trasnochado”. A veces expresaba estas ideas en alto. Nunca en asambleas, donde me limitaba a observar, pero sí con algunas personas que había ido conociendo en esos mismos espacios. Quisiera compartir en este post mis reflexiones sobre cómo me ha cambiado a mí este llamado 15M en cinco años claramente trascendentes.

El discurso izquierda-derecha está superado

Fue importante pensar que el discurso izquierda-derecha era innecesario en estos tiempos modernos porque eso ayudó a que personas como yo (desde la ignorancia y la despolitización) nos planteáramos otra forma de interpretar la realidad. Era muy seductora la idea de “los de abajo contra los de arriba” porque visualmente nos situaba en otro plano más sencillo de entender. A veces lo novedoso tiene este efecto: se percibe como bueno cuando lo oyes por primera vez y eso permite que te abras a ideas que, de otro modo, no considerarías.

Aunque ya no piense que el discurso izquierda-derecha esté superado en absoluto y crea que es cada vez más necesario que las ideas de la izquierda se revitalicen y se asuman como las únicas garantes de los derechos humanos, he necesitado mi propio recorrido y aprendizaje para entenderlo. También tengo claro que decirle a los que no lo ven así que son unos merluzos ignorantes no ayuda a que puedan siquiera considerar un cuestionamiento de sus puntos de vista.

Esa prepotencia machista también está entre los que defienden nobles principios del socialismo. No está de más recordar que a la izquierda (en general) le sobran argumentos y le falta empatía, y aspectos tan importantes como el feminismo o los cuidados no se han puesto en valor con el suficiente empeño. Creo que ahora es el momento de integrarlos.

La lucha de clases está superada

Cuando te crías en una familia en la que te dicen desde pequeña que si te esfuerzas y trabajas conseguirás lo que te propongas en la vida, esa idea te va calando. Si, además, te va saliendo todo más o menos como lo habías previsto (sin analizar el punto desde el que salías tú y desde el que salen otras muchas personas), lo interiorizas por completo. Saltar de ahí a un sentimiento individualista y acercarse al liberalismo es verdaderamente fácil. Y supongo que sólo una crisis personal (laboral, familiar y existencial) que destruya los cimientos en los que has ido fundando tu vida te permite cuestionarlo.

Desandar ese camino y desmontar el discurso del engaño de la clase media ha sido para mí uno de los más complicados. En parte porque se vive mucho más cómodamente cuando piensas que estás a mitad de camino de alcanzar ciertos privilegios (que anhelas porque te han inculcado que eso es tener éxito y ese es el principal objetivo), que si piensas que jamás accedarás a ellos porque estás al final de la cola. Y en parte porque supone dejar atrás el recuerdo de una vida en la que tú eras el centro de la realidad y todo era más sencillo porque no tenías que entender la diversidad de pensamientos válidos y diferentes a tu alrededor.

El feminismo está superado

Durante la acampada en la Puerta del Sol, un grupo de chicas colocó una pancarta que decía “El 15M será feminista o no será”. Rápidamente fue retirado y se criticó duramente porque “no era el momento” y, aparentemente, había cosas más urgentes y necesarias que resolver. Recuerdo que yo fui de las que pensó, con cierta irritación además, que por qué venían ahora a sacar el tema del feminismo aquellas chicas. Pensaba que el discurso feminista era cosa del pasado, de cuando las mujeres no tenían derecho a votar o a divorciarse o a trabajar. Era consciente de ciertos aspectos del machismo relacionados con la presión estética sobre la mujer pero mi análisis nunca había profundizado mucho más.

En estos cinco años he tenido tiempo de darme cuenta de que, como buena machista, me incomodaba aquella pancarta y cualquier discurso que pusiera encima de la mesa la desigualdad entre hombres y mujeres. Yo, que me creía liberada de las cuestiones de género, criticaba a aquellas feministas. Pese a mi ignorancia sobre el feminismo, poco a poco, leyendo mucho y con ayuda de algunas mujeres y hombres feministas he podido romper ciertos prejuicios y cambiar (parcialmente) mi mirada falocéntrica del mundo. Sé que me queda mucho por andar, pero al menos ya he iniciado el camino.

El 15M está superado

A veces es cierto que la distancia te ayuda a entender ciertas cosas que, estando metido en ellas, eres incapaz. Fui de las que compré el discurso de que pertenecía a la clase media, de que si te esfuerzas consigues lo que quieres, de que el capitalismo es bueno porque ayuda a que las sociedades prosperen y de que la liberación de la mujer consistía exclusivamente en trabajar como un ejecutivo y poder follar con quien una quisiera. Sí, he sido muy ignorante y el darme cuenta de ello durante estos años no ha sido fácil.

Pero siento que he crecido. Y ahora soy consciente de que la vida no es más que un proceso en el que, unas veces por las resistencias lógicas al cambio y otras (las más) por miedo a lo que no entendemos, nos aferramos a una imagen estática e inmutable de nosotras mismas y de la realidad que nos rodea. Sé que hoy 15 de mayo de 2016 he transformado parte de mi discurso y mi forma de entender las cosas. Y es así porque el 15M me atravesó e hice míos ciertos discursos que me sedujeron, abrieron mi mente y me permitieron situarme en otro plano individual y colectivo, me ayudó a madurar, a dudar de mí misma y a no sentir que estaba sola. También sé que todo eso que ahora tengo como mi nuevo mapa de realidad no es inmutable y me alegro de que así sea para poder seguir aprendiendo y creciendo.

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