Y qué si soy fea

No sé si os acordáis, pero en La bella durmiente de Disney, la primera de las hadas madrinas, Flora, le da a la princesa el que resulta ser el regalo más preciado:

Mi don especial será la belleza

Por supuesto, éste no es el único ejemplo que tenemos en nuestra particular mitología contemporánea sobre la importancia de la belleza, sobre todo si eres mujer. Pero lo pongo porque justo ayer estaban poniendo esta película en la televisión y me sorprendió haber conservado aquella secuencia intacta en la memoria.

Con 13 años, me besaron por primera vez. Fue un chico que me gustaba y, aunque la experiencia no fue ni parecida a la que me habían vendido en las películas, atesoré ese recuerdo. Pensaba que a él también le gustaba yo porque, si no, ¿por qué me había dado un beso? Después de ese primer beso, estaba yo haciendo cábalas más cercanas al culebrón de Santa Bárbara (sí, sois muy jóvenes y ni os suena) que a la realidad de lo que había pasado y lo que podría pasar. Y, por eso, me sorprendió y me dolió cuando días después me dijo una frase que se me clavó en el corazón:

“Patricia, tienes que admitir que no eres guapa”

¡¡BOOM!! Pese al impacto de la frase, recuerdo que no solo no lloré sino que le miré y le dije un Ya lo sé”, como lo más natural del mundo. Más allá del análisis sobre qué entendemos por ser guapa (la belleza es algo subjetivo y está sujeta a unos cánones socialmente construidos y aceptados), yo me preguntaba “¿Pero tú te has mirado a un espejo?”. A mí este chico me gustaba pero tampoco era guapo. Más bien era feo según los estereotipos con los que hemos crecido, pero no me importaba, ni su apariencia era lo que había hecho que me gustara. Pero lo que para mí no era importante en él sí lo era para él en lo relativo a mí.

Del desacuerdo al ‘eres fea’ hay un paso

Desde que estoy en Twitter, he ido viendo y analizando cómo se pasa de una diferencia de opiniones al insulto con una facilidad pasmosa. En muchas de las discusiones en las que participo (no os olvidéis de mi condición de pendenciera), más tarde o más temprano aparece la descalificación. No por mi parte: procuro no insultar aunque sí sea irónica, sarcástica e irritante. A compañeros míos les llaman demagogos, mentirosos, … Pero lo que más me llama la atención es que a las mujeres se nos acaba atacando por nuestro físico.

Son muchas las veces en las que indistintamente hombres y mujeres acaban llamándome fea. Se considera un ataque. De hecho, un buen ataque. Para estas personas, llamarme fea supone un disparo en mi línea de flotación porque, al parecer, si soy fea mi función en la vida (como mujer que soy) ha fracasado: nadie me querrá, no podré tener pareja ni procrear. Ser fea es la muerte en vida.

Desde que nacemos, recibimos todo tipo de mensajes que nos ayudan a configurar nuestra personalidad y la posición que ocupamos en el mundo. En el caso de las mujeres, la apariencia física es la clave de todo: si eres guapa, conseguirás que un hombre te quiera y esa es la clave del éxito. Aunque sea una simplificación, esa forma de entender el mundo y nuestro papel como mujeres en él sigue siendo una realidad y la temática de una gran parte de la ficción que consumimos y de la publicidad con la que nos bombardean a todas horas.

En la mayoría de las ocasiones, el descrédito de los hombres pasa por minar su intelecto y en el caso de las mujeres, su físico. Con esto no quiero decir que no haya hombres a los que se les intente descalificar por su aspecto o que a las mujeres no se nos trate de machacar por nuestra capacidad intelectual.

Gracias por el refuerzo, pero no lo necesito

La siguiente consecuencia a hacer un retuit de alguien que me llama fea es que seguidores míos contestan defendiéndome de ese ataque y me dicen lo guapa que soy para ellos. En la última de estas situaciones escribí este tuit para aclarar para qué difundo esos mensajes sobre la apariencia:

De nada sirvió porque seguí recibiendo valoraciones en positivo hacia mí o insultos hacia las personas que me habían llamado fea usando ese mismo argumento contra ellas. Lo que intento transmitir es que la apariencia física no debería de ser en ningún caso un elemento de descalificación en una discusión.

Aquella frase que me dijo aquel chico cuando era una adolescente me descolocó. Para qué os voy a engañar. Y me marcó algún tiempo, aunque aprendí a relativizarlo cuando empecé a salir con chicos a los que gustaba pese a no ser guapa. Y llegó un momento en el que lo asumí sin ninguna clase de dramatismo. No ser guapa o incluso ser fea para otras personas es algo que no me preocupa: me siento bien con cómo soy, me gusto y las valoraciones de los demás sobre mi aspecto no me importan. Sería estupendo que a vosotros tampoco =)

5 comentarios

  1. Perdonales Patricia… Cuando alguien se queda sin argumentos recurre al insulto y a la mentira…

  2. Me recuerdo en un viaje en el metro en Barcelona, a primero hora de la mañana, compartiendo vagón con un hombre negro, pobre y tullido. Y mi discurrir hizo que esbozara una sonrisa: — ¡pero lo peor es que es muy feo!. La fealdad la situaba, con diferencia, por encima de las demás carencias. Mi reflexión había sido tan ligera como sincera.
    Estudios mas serios que los que relacionan la inteligencia de una mujer con el tamaño de sus tetas y caderas, nos cuentan que los guapos y guapas consiguen mejores ocupaciones y hasta sentencias judiciales mas benévolas. Y por la cara.

    Hasta yo, que me las doy de sagaz en los rifirrafes tuiteros, he sentido la tentación de llamar fea o vieja a la desquiciante adversaria de turno, a sabiendas que no hay nada mas breve e hiriente.

    También se dice que con los años adquirimos el rostro y la presencia que nos merecemos. En esas sí que espero llegar a guapo.

  3. Hola Patricia,

    me ha gustado tu forma de contar las cosas y que dices verdades como puños.

    En esta sociedad, si eres mujer y eres fea parece que no tienes derecho a nada. Y digo parece porque es completamente falso. Cada ser humano llega donde quiere llegar en su interior. Y porque como bien dices las belleza es algo subjetivo.

    El que insulta indiferentemente cual sea el insulto que dice se está definiendo a sí mismo como una persona con carencias.

    Fco. Javier Sandoval creo que vale más ser uno mismo que guapo y como Dorian Gray.

    Veo a las personas como son en su interior y eso me dice si son guapas o feas.

    Jamás insulto porque no es necesario faltar al respeto para hacerme entender. La lengua española es rica en palabras.

  4. Lo feo y lo bonito o guapo, son construcciones sociales, nos lo lanzan a través de mensajes subliminales todos los días en los medios. Lo tenemos asumido, no nos gusta ver lo feo, huimos de lo feo como de la peste, lo feo equivale a grotesco, hasta incluso malo, así como el blanco y el negro. Símbolos que se han incrustado en el subconsciente. Patri, yo soy fea y, para más inri pequeña. Se de lo que hablas y me río mucho cuando yo misma lo digo y alguna, pensando que me hace un favor, me dice, “que no, tonta, que eres guapa” Y digo, no, soy fea y eso lo tengo asumido, y eso no me hace menos que nadie.

  5. Llego aquí en un momento personal adecuado. La hipocresía puede llegar hasta límites insospechados, ¡Cuántas personas defienden la belleza interior y con pequeños gestos demuestran lo contrario!. Incluso sin ellos ser conscientes en numerosas ocasiones.
    Entiendo y comparto las sensaciones que describes, desde el sentimiento de nulidad como mujer por no representar el canon físico actual hasta el de impotencia ante aquellas personas que rebaten insultos creyendo, con buena fe, que van a hacerte sentir mejor por lanzarte piropos que estoy segura que en su fuero interno no comparten (o al menos eso creo).
    “¿Tú te has mirado al espejo?”. Sí. Me he mirado fijamente, he analizado cada facción de mi rostro y he tratado de encontrar mil razones para no sentirme fea, hasta que descubrí que la mejor razón era aceptarme tal y como soy, llorar cuando así lo sintiese y ser feliz, por utópico que parezca. Todo eso agradecida por aquellos que con su silencio hablaron más de lo que callaban.
    Actualmente, habiendo “superado” una etapa pasada tan oscura, de la que no puedo negar que sufro recaídas, encontrarme a personas como tú es el mejor antidepresivo que puedo conocer.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *