$1M por nuestros pecados

Con la cifra milagrosa de 1 millón de dólares, la Iglesia católica pretende limpiar cada una de las acciones de abuso sexual que algunos de sus acólitos cometieron con fieles menores de edad. Es terrible pensar que pese a todos los casos de este tipo que se destapan continuamente, esta institución no haga verdaderamente una revisión de los principios en los que se basa. Por lo que tengo entendido, el voto de castidad fue establecido a partir del siglo XVI por El Concilio de Trento. ¿Las razones? Hasta ese momento los sacerdotes vivían en matrimonio y, al tener descendencia, las propiedades de la Iglesia iban quedando cada vez más mermadas.

Una forma más de control mental y económico de la institución sobre nuestra sociedad, incluido su propio ejército de transmisores de la palabra. Y, sin embargo, en declaraciones del Papa Juan Pablo II en 1993 “El celibato no es esencial para el sacerdocio; no es una ley promulgada por Jesucristo”. De hecho, considero que es una aberración para el ser humano obligarle a prescindir de la actividad sexual, tal y como me parecería igual de tremendo y absurdo que se les obligara a dejar de comer. Negar la realidad física del hombre y sus necesidades no nos hace más puros, sino que nos convierte en seres frustrados y reprimidos que, como se ha visto en demasiados casos, cometen abusos que dañan irreversiblemente a otros semejantes. Ojalá este sector religioso tuviera más presente su decálogo de convivencia y dejara de castrar mental y físicamente a tantos creyentes.

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