Edificios okupados: gente sin casa, casas sin gente

Texto y fotografías: Patricia Horrillo (@patrihorrillo) y Antonio Pérez (@lamufla)| Ilustraciones: Enrique Flores

¿Qué pasa cuando no tienes dinero para pagar un alquiler y afrontar las facturas de los servicios indispensables en un hogar (agua, luz, gas…)? ¿Qué pasa cuando te han despedido y tienes que hacer frente a la letra de tu hipoteca? ¿Qué pasa cuando tus padres no pueden hacerse cargo de tu mantenimiento o cuando tú tienes personas que dependen de ti? ¿Qué pasa cuando tener unos estudios y haber cumplido con el supuesto contrato social de formarte, hacer prácticas y entrar en el mercado laboral ya no funciona? ¿Qué se supone que debes hacer? ¿Cómo agarras las riendas de tu vida?

Para una gran mayoría social, escuchar hablar de okupación (con k) hace tan sólo unos años suponía hablar de algo censurable. La propiedad privada, ese derecho inalienable de la sociedad capitalista, no se podía poner en cuestión bajo ningún concepto. Sin embargo, la situación de crisis en la que está sumergida España desde 2008 hace que se puedan reinterpretar algunos de esos mantras y pensar en un edificio vacío okupado por gente que no tiene casa como una opción legítima.

El trabajo de iniciativas como La PAH (@LA_PAH) y la asamblea de Vivienda Centro en Madrid (@ViviendaCentro) han ayudado a visibilizar el drama de los desahucios que viven miles de familias y a que éstas puedan afrontar con dignidad una situación de desamparo social. Cuando el Estado no da respuesta, se toman decisiones basadas en la necesidad o, como ocurre en demasiadas ocasiones, se tira la toalla y uno acaba con su vida. Evitarlo depende de la acción de personas que no tienen miedo a cuestionar las injusticias de este sistema.

En el barrio de Malasaña se han okupado este 2014 dos edificios como parte de la obra social de Vivienda Centro. Ambos estaban vacíos y ahora viven en ellos 28 familias con 24 niños. ‘La Manuela’, un edificio rehabilitado con 15 viviendas está situado en la Corredera Baja de San Pablo 33, pertenece a CaixaBank y lleva okupado desde principios de año, aunque ya fue okupado durante cuatro meses, entre 2011 y 2012, también con el fin de alojar a personas con problemas habitacionales. ‘Las Leonas’, por su parte, cuenta con 14 pisos y se encuentra en el número 28 de la calle Monteleón. Está okupado desde el mes de abril. Sobre ‘La Manuela’ pesa una orden de desalojo que deberá ejecutarse el próximo día 26 de septiembre.

Los habitantes de ‘La Manuela’

Escalera interior de 'La Manuela' | Foto: P. Horrillo

Escalera interior de ‘La Manuela’ | Foto: P. Horrillo

“Voy a preparar café, ¿os venís a desayunar?”, les dice a sus vecinas Ander C., educador social de 35 años y habitante de La Manuela, que nos cuenta que “lo más relevante cuando estás okupando es que convives con muchas personas” y que se recupera un espacio de vida en comunidad “donde tienes que gestionar muchas cosas de lo común y resolver conflictos”. Ander okupó otro espacio cuando tenía 20 años de forma más militante y ve que desde el 15M “está más normalizado”. Recuerda que 15 años atrás se valoraba “desde el absoluto desconocimiento y según la información que se recibía de los medios de comunicación, y el okupa era punki o abertzale; si estaba más politizado estaba más cercano al mundo de ETA y si lo estaba menos era un perroflauta, gente muy tirada”.

Su decisión de okupar ahora viene marcada por otras circunstancias. “En lo mío está muy difícil tener un buen curro y me vi que con 34 años estaba condenado a tener unos años por delante de precariedad… coincidió que redes cercanas estaban impulsando esta okupación y me planteé si sería una opción vital conectando con mi experiencia del pasado. La carga de pagar un alquiler cuando ves que se te va acabando el paro es muy pesada y decidí meterme en esta aventura.”

En el caso de Ander, su familia le apoyó años atrás y le ha seguido apoyando en esta nueva okupación, aunque cuando aquella primera experiencia, su padre “lo veía con más reticencias”. Para él, la okupación no le define sino que “es un aspecto que me aporta cosas buenas ahora pero no hago de ello un objetivo de vida; no sé si seguiré okupando dentro de un tiempo o estaré de alquiler”.

Interior de 'La Manuela' | Foto: Patri Horrillo

Interior de ‘La Manuela’ | Foto: Patri Horrillo

Para María (nombre ficticio), una fotógrafa de 25 años en paro y sin ningún subsidio nos cuenta que “al principio quería hacerlo como una acción pero acabó siendo una decisión por necesidad”. Su decisión de entrar a vivir en La Manuela viene además marcada por la falta de apoyo y aprobación por parte de sus padres, que “han mostrado un rechazo total y a día de hoy piensan que su hija es una delincuente. Vinieron a verlo y les costaba reconocer que (el piso) les gustaba, que vivo en condiciones”.

La experiencia familiar de María choca con la Ariane P., trabajadora social de 24 años, porque, en su caso, sus padres “se alegraron mucho y lo vivieron como una reacción lógica porque ya no me pueden mantener económicamente”. Sus padres no han sido activistas aunque sí de izquierdas y cuando les dijo que había tomado la decisión de okupar un edificio propiedad de un banco tuvieron “una reacción tremendamente positiva, les parecía muy loable por parte del grupo y estaban muy orgullosos de esa decisión”. Su decisión de okupar también comparte las mismas bases que la de Ander y María, “llevaba tiempo en una situación de extrema precariedad, viviendo en casa de un amigo porque no podía pagar un alquiler, con un trabajo de 20 horas que no me llegaba ni a los 400€”.

La relación con los vecinos de alrededor, tanto con los edificios de viviendas, como con los comercios y con el Convento de las Mercedarias (que tiene un colegio y también un comedor de transeúntes) es buena. Según Ander, “hubo un cierto impacto inicial pero, al ver que la convivencia es tranquila, se ha normalizado que esto esté okupado”. Ebba (41 años), otra habitante del edificio, nos explica que incluso alguno de los locales cercanos les ayudan: “A las noches, si llegamos a la hora que están cerrando nos dan el pan sobrante y muchas veces nos han dado comida que les ha sobrado. Lo que pueden, nos lo dan. Y además se ve que están preocupados por nosotros y nos cuidan un montón”.

Los habitantes de ‘Las Leonas’

Virginia (izq) y Magui (dcha), habitantes de 'Las Leonas' | Foto: A. Pérez

Virginia (izq) y Magui (dcha), habitantes de ‘Las Leonas’ | Foto: A. Pérez

Virginia es una de ‘Las Leonas’. Esto es, una de las habitantes del edificio okupado del número 28 de la calle Monteleón, un lugar que llevaba 17 años cerrado. En total, 14 pisos rehabilitados criando polvo. Virginia es vecina de Malasaña de toda la vida. Madre soltera por partida doble, sin trabajo, vivía en el pequeño piso que tenía su madre en la calle Manuela Malasaña. No cabían y no había forma de poder optar a un alquiler propio ni a una ayuda del IVIMA.

Edificio 'Las Leonas' | Foto: A. Pérez

Edificio ‘Las Leonas’ | Foto: A. Pérez

Como buena conocedora del barrio sabía de la existencia de este espacio, abandonado por la constructora a la que pertenecía (Promociones La Fuente de Parla SL), una empresa sin actividad conocida desde 2010. Dada su precaria situación, poco a poco fue pensando en que okupar esos pisos vacíos ante los que pasaba a diario podría ser una buena idea. No estaba sola, otras conocidas del barrio pasaban por una situación similar, pero ninguna tenía experiencia en okupar y no se atrevían a dar el paso por sí mismas. Finalmente, se enteraron de que la obra social de Vivienda Centro podría asesorarlas y ayudarlas y fue así, “bien respaldadas en temas legales”, como se decidieron a dar el paso a finales del pasado mes de abril.

Cuenta Virginia que ellas están “dispuestas a negociar un alquiler social bajo” para poder residir en una vivienda, o incluso en las que actualmente okupan, pero que de momento nadie se ha personado a hablar con ellas ni nadie ha reclamado la propiedad.

‘Las Leonas’ lo okuparon originalmente ocho familias y se daba la circunstancia de que todas eran mujeres (seis madres y dos abuelas), con menores a su cargo (12 niños entre 0 y 17 años) y sin pareja: “Fue una coincidencia, nada premeditado”, asegura Virginia. Más tarde entró a vivir con ellas una familia con tres niños que vivía anteriormente hacinada en una habitación de la calle Tesoro, donde dormían todos juntos en un mismo colchón. La mayoría de sus habitantes eran anteriormente vecinos ya de Malasaña.

Los pisos okupados en el 28 de Monteleón tienen dos habitaciones, salón y cocina. Hay además cinco estudios que permanecen vacíos y que, por supuesto, están a disposición de quienes puedan necesitarlo. Las viviendas carecen de electrodomésticos, tampoco hay luz ni agua, pero les sirve, cuanto menos, para tener un techo bajo el que cobijarse.

Cuenta Virginia que entre los habitantes del edificio han trabado amistad y que se llevan bien. Incluso, dice, unos cuidamos de los hijos de otros cuando a alguno nos sale algún trabajillo. Con los vecinos no hay ningún problema, asegura. “Muy al contrario, nos apoyan y están de acuerdo con la okupación, con la que además cuidamos y mantenemos limpio el edificio”

Hoy en día quien pasa por la calle Monteleón puede ver claramente en la fachada del número 28 pancartas reivindicativas de la okupación, pero también plantas en los balcones como símbolo de vida y de un espacio recuperado al abandono y a la especulación. Durante nuestra conversación con Virginia está presente también Magui. Duña, portavoz oficial del espacio y también vecina de antiguo del barrio no pudo estar presente. Cuentan felices que otra de las habitantes del edificio acaba de dar a luz.

“Primero tratas de hacerlo bien. Pero aunque demuestras a la Administración que necesitas un piso y que no puedes lograrlo por tus propios medios, no te lo dan. Pides ayudas cuando se te acaba el paro y, en el mejor de los casos, pasan meses hasta que logras tramitar una renta mínima de inserción. Nada funciona y no tienes más remedio que buscarte la vida por ti misma”.

Amenaza de desalojo inminente en Corredera

Mientras que los habitantes de ‘Las Leonas’ no tienen, de momento, nada que temer -la propiedad del edificio que okupan no ha dado señales de vida-, los de ‘La Manuela’ se encuentran en una situación bien distinta.

“No tengo muchas cosas porque de tantas mudanzas acabas reduciendo lo que te llevas”, explica Ander al valorar los riesgos de verse expulsada del edificio, “pero si me quedo sin mi ordenador o alguno de mis abrigos sí que me fastidiaría… por eso, si se produjera el desalojo, trataríamos por todos los medios de que fuera tranquilo y que nos permitieran sacar nuestras cosas”.

Sobre el edificio de Corredera Baja de San Pablo pesa una orden de desalojo, dictada el pasado mes de julio por el Juzgado de Instrucción 35 de Madrid. Su fecha de ejecución, el 26 de septiembre. La Asamblea de Vivienda Centro criticaba al conocerse la noticia, en una rueda de prensa, que la propiedad, CaixaBank, quiera desalojar ‘La Manuela’ “sin previo aviso”, a pesar de que mantenían negociaciones con el banco para encontrar soluciones habitacionales para las familias okupas, a través de alquileres sociales.

Su lucha para lograr que CaixaBank recule se ha llevado durante este verano a las oficinas de la entidad bancaria, donde activistas han protagonizado ‘performances’ de protesta. Además, desde ayer lunes se está llevando a cabo una fuerte campaña en redes sociales para lograr que el banco cambie de postura. La etiqueta #SuspendeALaCaixa aglutina en twitter imágenes de acciones realizadas por quienes apoyan esta okupación. Piden que cualquier persona que apoye la causa envíe una imagen suya dándole un ‘0’ al banco. “La Caixa se jacta de tener la ‘primera obra social del país’ pero quieren dejar a 20 familias de #LaManuela en la calle”, se lee en distintos mensajes publicados en la citada red social. Incluyo algunos niños que viven en ‘La Manuela’ participan en la protesta virtual saliendo en un vídeo. También los habitantes de ‘Las Leonas’, como no podía ser de otra forma, se han sumado a la reivindicación.

“El ruido nos protege. Hacer pública nuestra situación nos beneficia”, manifestaba ‘la leona’ Virginia durante la entrevista mantenida con ella en su provisional vivienda. Estos okupas forzosos son conscientes de la debilidad de su situación y creen que sólo haciendo visible su drama, así como las circunstancias que los han llevado a él, pueden tener alguna oportunidad de lograr algo positivo. “Vivir en la provisionalidad no es fácil. Existe un miedo constante con el que si bien te acostumbras a convivir es mal compañero. Aunque peor es no tener donde alojar a mis hijos. Estoy orgullosa de ser una leona y de buscar soluciones conjuntas partiendo de una mala situación personal”.

(Pulsa sobre las imágenes para verlas ampliadas)

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