El orgullo de matar

Desde el pasado 2 de mayo no salgo de mi asombro. Barack Obama, Presidente de los Estados Unidos y premio Nobel de la Paz desde 2009, anuncia con orgullo que su ejército ha matado a Osaba Bin Laden. Una ola de alegría inunda las calles de Nueva York y los ciudadanos hacen gala de su bandera. El villano ha muerto. Y, en palabras de Obama, “se ha hecho justicia”. Yo me pregunto qué clase de justicia existe en una ejecución. Y quién puede pensar que este asesinato va a ayudar en grado alguno a eliminar el terrorismo. De repente, parece que los presidentes de todos los países democráticos se han vuelto ingenuos y confiados, y aplauden al “héroe”.

El País 10-05-2011

Mi asombro ha ido pasando a indignación con el paso de los días hasta que, esta mañana, he escuchado en la radio una entrevista a un misionero español que vive en Pakistán. Ha explicado las cosas desde la perspectiva de alguien que trabaja en ese país desde hace años. Me quedo con la respuesta a “¿Qué le ha parecido a usted la forma en la que ha muerto Bin Laden?”. El misionero ha respondido así: “Sinceramente, lo que a mí me preocupa ahora mismo es cómo voy a hablar con los padres de uno de mis alumnos que se suicidó la semana pasada”. Demoledor.

En ocasiones, nos preocupamos en analizar la muerte de un personaje público y nos olvidamos de lo que significa la vida para el resto de los mortales. Este hombre, con sus palabras, ha expuesto una realidad que desconocemos la mayoría de occidentales. Al parecer, los jóvenes pakistaníes abandonan su país, con una tasa de alfabetización bajísima, para encontrar una vida mejor.

Me sigue preocupando cómo se ha frivolizado la muerte de un ser humano, pero también entiendo que es desproporcionado el valor que se le da a un individuo cuando existen problemas muchísimo más complejos y que no se alivian por acabar con una vida.

Un comentario

  1. En Estados Unidos si un policía dispara a un delincuente, por mucho que este lo sea, y se encuentra desarmado, le pueda caer un paquete que puede acabar en la expulsión del cuerpo. Parece ser que con Bin Laden esto no vale. Tampoco tenía derecho a un juicio justo, teniendo en cuenta que no le vimos en los aviones estrellarse contra las torres gemelas y si yo ahora mismo digo que me responsabilizo del 11-S ¿también vendrían a mi casa a matarme?

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