La suerte… para quien la pague

["Expediente H" es una sección del programa La Plaza en Llamas]

Hace unos días saltó la noticia de que un madrileño de 19 años había ganado 1 millón de euros en un torneo europeo de póker. Al explicar su éxito, en ningún caso se cuenta el dinero que un jugador debe poner para poder participar en estas partidas ni el dinero que pierde el resto de participantes. Sólo se nos muestra la “cara bonita” de un campeonato, y hasta he encontrado recomendaciones para practicarlo porque es bueno «para prevenir el alzheimer y el riesgo de lesión disminuye» (sic).

Casualidades de la vida, esta información se hizo pública el día de antes del “Día internacional sin juegos de azar” (29 de octubre), que no tiene prácticamente repercusión en medios de comunicación y en el que se intenta llamar la atención sobre la ludopatía.

En el caso del póker, me llama la atención el anuncio en el que salen dos referentes del mundo del deporte: Ronaldo y Nadal, un exfutbolista y un tenista. El mensaje de estas promociones es venderte la moto de que con esos “prescriptores” el producto es bueno y puedes llegar a pertenecer a esa élite si juegas como ellos.

No he conseguido encontrar ninguna estadística, pero desde que empezó oficialmente la crisis cada vez oigo más anuncios de estos “deportes” de azar así como de tipos diferentes de loterías. En la página de Loterías y apuestas del Estado he encontrado hasta 9 modalidades de estos “juegos”:

  1. Lotería Nacional
  2. Primitiva
  3. Euromillones
  4. Bonoloto
  5. Gordo
  6. Quiniela
  7. Quinigol
  8. Lototurf
  9. Quíntuple Plus
Lo que más me preocupa de esto es el mensaje perverso que aparece en la base de todos los anuncios de estos productos de consumo, y es que “para conseguir la felicidad debes depositar tu dinero en la suerte”. Los eslóganes son tremendos:

“La libertad es el premio”, “Haz lo que quieras”, “Si no juegas a la Primitiva, ni lo sueñes”, “Con la primitiva, tú pide, que no te lo gastas”, “Si sueñas… Loterías”

Los distintos anuncios de estas campañas “tocan” nuestra fibra sensible haciendo mención a nuestros sueños y deseos jugando con aspectos que generan frustración en el día a día: la rutina, el trabajo, las responsabilidades… Además, incorporan todos los iconos capitalistas que nos han dicho desde pequeños que nos aseguran la felicidad: un coche, una moto, una mansión,…

La campaña de “Tú pide, que no te lo gastas” tiene además escenarios diversos (un mercado, un bar, una granja, un hospital, un tren, una tintorería) en los que aparece gente normal cantando lo que harían si consiguieran ganar la lotería Primitiva:

“Pasar del trabajo, comprarme un cochazo, huir de mi jefe, vivir como un jeque a cuerpo de rey. Bañarme en champán. Hartarme de foei. Y darle al caviar pa’desayunar.”

Es decir, la felicidad se reduce a convertirnos en ricos para que otros nos sirvan. Ser libre, dirigirme hacia el sueño de mi vida o alcanzar la felicidad sólo es factible si dispongo de dinero… de mucho dinero. Con lo cual, mientras no te ‘toque’ la suerte, tu vida será una mierda que aborreces y de la que no puedes escapar a no ser que juegues.

Más allá del cálculo de probabilidades (muy desalentador, a no ser que seas Carlos Fabra) para ser el agraciado con uno de estos premios, la perversión última es vincular la felicidad al dinero. Una cosa es saber que “las penas con pan son menos” y que “a nadie le amarga un dulce”, y otra que una vida en la que no haya lujos, excesos y nos sirvan en bandeja de plata no puede ser plena.

Si os parece inocente el calvo de la Lotería de Navidad* porque os guiña un ojo y os manda un beso, recordad que eso mismo lo hace Sandro Rey 😉

[*este post se escribió antes de la aparición de ese anuncio dantesco de la Lotería de Navidad sin el calvo besucón y con un elenco de momias y pseudoartistas que se han llevado una cantidad de dinero desconocida para ofrecernos la campaña más tétrica de este tradicional sorteo; si alguien todavía no ha visto esta joya ni sus derivados, le remito a la búsqueda de YouTube]

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