“Se rompen y no son buenos para los jóvenes”

[Artículo publicado originalmente en Público]

Tres farmacias exponen sus motivos para no vender preservativos

P. HORRILLO / F. ARTACHO / D. BARCALA | BARCELONA / SEVILLA / MADRID | 22/07/2008 | 21:44

Los clientes despistados, en su mayoría turistas que llegan de la plaza de Colón, que acuden a la farmacia de la calle de Goya en Madrid a comprar condones, salen del establecimiento sin ellos y con una reprimenda de regalo. Su titular, la licenciada Pilar Díez Pison, argumenta “motivos religiosos y sanitarios” para negarse a dispensar métodos anticonceptivos a los pacientes. “Algunos catedráticos dicen que no son seguros, se rompen y creo que no son un producto bueno para los adolescentes”, explica.

La escena se repite en otras grandes urbes españolas como Barcelona o Sevilla. “No tienen uso terapéutico. Esto es una farmacia y vendemos productos para la salud. No es el lugar para venderlos”, afirma la licenciada Alegría Iserna, empleada de una farmacia de Parets del Vallés. Los vecinos de este pequeño pueblo catalán lo tienen difícil en caso de rotura de preservativo. Según Iserna “ninguna de las cuatro farmacias del pueblo” dispone de la píldora del día después en su almacén. “Nos la piden pero nosotros no la damos. Yo tengo unos principios…”, resume.

“Está en su derecho”

La farmacia del número 4 de la calle de Tetuán de Sevilla, en el centro de la ciudad, ha ganado fama precisamente por el hecho de ser una de las pocas boticas que no venden preservativos en la capital andaluza. Los empleados achacan la peculiaridad a “una decisión personal del farmacéutico”, que ayer rehusó hablar con este periódico. El Colegio de Farmacéuticos de Sevilla cree que es una “anécdota” entre las 800 farmacias de la ciudad y otorgan al licenciado “su derecho a no dispensar este producto igual que los médicos pueden negarse a realizar un aborto”.

Los argumentos de los farmacéuticos acatan con fidelidad la postura de la Iglesia Católica. Incluido el punto de vista catastrofista de la juventud actual. “Es que ya vienen niñas, no adolescentes, ¡niñas!, a pedirnos la píldora”, dice una empleada de la farmacia de Madrid.

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